Inventario multimedia

Consiste en hacer una narración que mezcle lo ficticio con lo real de tu visita a la exposición de la que se habla en el texto. Debe contener imágenes o hipervínculos, según sea el caso. En el texto narrarás tus experiencia al hacer el recorrido por las obras de arte que indica Alejandro de la Cueva en su texto (La vocación de Luis). La narración será ficticia en lo que atañe a la exposición en la escuela, pues la ubicaràs en el CBTis 86. Pero será real pues deberás hablar de tu experiencia con las obras.

Además de las obras indicadas por de la Cueva, deberás observar los films: El héroe y Veneno, que son dos cortometrajes mexicanos (te proporciona la liga abajo. La película Gandhi es un largometraje, en su lugar observarán los dos cortometrajes). En cuanto a la mùsica, observarás (aunque lo ideal es que lo hagas con los ojos cerrados, para que te centres en lo auditivo) dos piezas cuya liga también comparto.

Mùsica.

Cortometrajes

El texto debe incorporar al menos un fragmento, cita o referencia de El ábaco, la lira y la rosa en los capítulos en que aborda la relación entre ciencia y arte.

El documento debe ser entregado en versión electrónica, preferentemente en ppt.

Fecha de entrega: 2 de mayo.





La vocación de Luis
Alejandro de la Cueva
Ese día comprendí que la escuela es un espacio para apreciar lo que nos rodea, como las obras de arte que llevaron al plantel. Lo que observé y escuché cambió mi forma de pensar. Ahora soy un profesionista. Después de muchos años aún recuerdo la conversación con Juan, Sergio y Ricardo, el profesor de Filosofía. El primero dijo:
—Luis, ¿sabes del evento que se realizará hoy en el plantel?
—Sé muy poco. Escuché a Sandra hablar sobre el evento. Pero la verdad ni sé qué onda… cosas de flojera. ¿De qué me sirve saber eso? —respondió Luis.
—Pues de todos modos tenemos que ir. El profe Ricardo dijo que pasará lista y nos preguntará sobre las salas que visitemos. Anda, no seas negativo y veamos cómo se pone —insistió Juan.
Como no tenía alternativa, nos fuimos a la exposición. Lo recuerdo como si fuera ayer. Montaron las obras en los salones. Dos aulas con fotografías de pinturas: El grito de Munch, La noche estrellada sobre el Ródano de Van Gogh... Captó mi atención el cuadro de La balsa de la Medusa de Gericault. En esta obra observé cómo cada una de las personas trataba de salvar su vida. Algunas miraban hacia el horizonte para ser rescatadas, otras, sentadas, esperaban su final, y unas más sucumbían ante la desesperanza. 
En el salón de las esculturas, creaciones antiguas se combinaban con modernas: La victoria de Samotracia, Coatlicue... Llamó mi atención la Venus de Milo. A pesar de ser sólo estar viendo una fotografía de la escultura, podía imaginar la belleza de esa mujer. En comparación con ella, la Coatlicue era algo muy diferente.
En otra aula, dos jóvenes de la capital interpretaban El concierto de Aranjuez. Los alumnos que se encontraban en la sala no estaban acostumbrados a esa música, pero se mantenían atentos.
En otro salón leían Crimen y Castigo, de Dostoievski. En otro, más adelante, proyectaban la película Gandhi. En el patio, unas bailarinas con atuendos raros, muy pegados, bailaban no sé qué.
—Es El cascanueces —nos dijo el profesor en voz baja al ver nuestro gesto de interrogación.
Ese día terminó después de las seis de la tarde.
A la mañana siguiente, en clase de Filosofía, platicamos con el profesor Ricardo sobre lo que nos interesó.
—Profe, ¿qué sentido tuvo lo que observamos? —preguntó Juan.
—Ustedes piensen…
—Pues, observamos expresiones artísticas —respondió Sergio.
—¿Cómo le llamamos a ese tipo de expresiones? —preguntó el profesor.
—Mmm. ¿Bellas Artes…? —respondió Juan con inseguridad.
—Pero…, ¿para qué nos sirven las Bellas Artes? —pregunté.
—¿Qué les parece si primero tratamos de responder qué entendemos por «arte»? —sugirió el profesor.
—Por lo que vi en los salones —dijo Juan—, el arte es la representación de la realidad.
—Espero estar bien, profe —comentó Luis—. Como la pintura de La balsa de la Medusa que vi, ¿podemos decir que es una representación de la realidad?
—Así es, Luis. En 1818, el barco francés La Medusa se hundió. Los sobrevivientes se aferraron a una balsa. Fue un hecho muy comentado en esa época. Por eso la pintura.
—¡Ah, ya! Si sabemos lo que la obra representa, entendemos lo que el artista quiso comunicar. Así, podemos identificarnos con el autor.
El profesor exclamó entusiasmado:
—¡Vaya! Estás inspirado, Luis. Cada una de las obras de arte tiene un sentido, un significado que debemos develar. Valoramos la obra a través de la observación, pero también de la capacidad de razonar para descubrir la experiencia que hay detrás.
—Bueno, pero… ¿Qué es el arte? —Sergio insistió en la pregunta.
—Originalmente, por «arte» se entendía un conjunto de reglas para hacer algo bien. Así, al aplicarlo a la pintura o la escultura, eran reglas para producir y representar la realidad de la mejor manera. Y es ahí donde entra una idea de belleza, acorde a la simetría y armonía de la naturaleza, en la que disfrutamos lo que observamos o escuchamos.
—Profe, ¿se puede contemplar un paisaje natural y considerarlo como una obra de arte? —pregunté.
—Debemos distinguir lo realizado por el hombre y lo generado por la naturaleza. El arte es lo creado por el hombre. Considero que no se puede hablar de la naturaleza como generadora de arte.
Sergio intervino:
—Tengo una duda respecto de la belleza. ¿Por qué estaba la fotografía de la Coatlicue? Una mujer con falda de serpientes no es muy agradable a la vista. Más bien causa terror o miedo. ¿La Coatlicue es parte de las Bellas Artes?
—¿A poco para los mexicas la Coatlicue fue una belleza? —pregunté.
—Yo tengo otra pregunta, ¿la belleza es ideal o real? —interrumpió Juan—. Porque en la primera puede provenir de nuestra imaginación, independiente de lo que veamos. Y la segunda se da cuando observamos un objeto o el artista imita lo que ve.
—Pero en la Coatlicue vemos cómo se imitaron varias cosas. Están tomadas de la realidad. Sin embargo, no me parece bella. Creo que el problema está en cómo entendemos la belleza —señaló Sergio.
—Considero que la belleza la captas de inmediato. Algo nos gusta o no nos gusta, y ya. Y nos gusta si hay armonía, si hay orden —dije.
—¡La Coatlicue no tiene ese orden! —objetó Juan—. ¿Por qué considerarla bella? Para mí no es de las Bellas Artes. Yo creo que nos engañamos o para parecer intelectuales muchos dicen que es una obra de arte.
—Habría que estudiar la cultura mexica para saber qué estaban imitando con la Coatlicue, y si para ellos era importante la armonía —señaló Sergio.
—Pues aunque tuviera simetría, para algunas personas seguiría siendo fea y puede causar temor. Explícame, Sergio, ¿cuál era la intención del escultor al hacerla de esa manera? ¿Estamos hablando de Bellas Artes? Yo creo que no —aseguré.
—La Coatlicue no fue hecha para formar parte de las bellas artes ni de la belleza —intervino el profesor—. Es una diosa feroz, sedienta de sacrificios humanos. Es un ser mítico del cual los tenochcas no podían escapar. Tenía el poder de todo lo que nace y muere. Por eso, si el concepto de belleza es lo que causa paz, tranquilidad, armonía y es agradable a la vista, la Coatlicue no se concebiría como belleza. Sin embargo, como lo vemos con ustedes, el principio de belleza nunca ha sido algo absoluto e inmutable, sino que ha venido adoptando distintos rostros según sea la época histórica y la cultura. Así que no hay un concepto universal de belleza.
Sergio movió la cabeza afirmativamente:
—Eso significa que me puede gustar algo y a Juan no. ¡Ah! Entonces todos los seres humanos pueden ser artistas y representar la belleza de diferente manera.
—Ayer en la noche, en una revista encontré algo que puede servir —dijo Sergio—. Un filósofo expresó que el juicio del gusto depende de la relación armónica y libre de las facultades de las personas.
—Ya que hablas de autores, Jenófanes dijo algo así: «Si los bueyes, los caballos y los leones tuviesen manos, o pudiesen dibujar con las manos, y hacer obras como las que hacen los hombres, semejantes a los caballos representaría el caballo a los dioses, y semejantes a los bueyes el buey y les darían cuerpos como los que tiene cada uno de ellos».
Tras decir esto, nos quedamos callados. Teníamos muchas dudas y cosas qué decir. Al ver que no había en nosotros intención de retirarnos, el profesor nos propuso que al día siguiente habláramos sobre la utilidad de la estética en los medios de comunicación. Aceptamos.
Para mí, ese día no fue como cualquier otro, sino el inicio de mi vocación en el arte. Desde hace varios años participo en actividades culturales. Es algo que me ayuda a ser más humano, a sensibilizarme por las cosas de la vida.


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